Imaginá esto:
Una hora a la semana donde los alumnos no siguen un programa, no repiten contenidos, ni esperan indicaciones.
Una hora donde pueden explorar lo que les apasiona, investigar lo que les intriga y crear con libertad.
Se llama Genius Hour (La hora de los genios), y ya está cambiando aulas en todo el mundo.
¿Por qué funciona?
Porque cuando algo nos encanta, no hace falta que nos empujen: nos impulsa solo.
Sin embargo, hoy en la escuela:
- ¿Les preguntamos a los chicos qué quieren aprender?
- ¿O solo les decimos qué, cómo, cuándo y dónde hacerlo?
El sistema muchas veces premia la obediencia, no la autonomía. Los alumnos “juegan a ser alumnos”. Van a aprobar, no a aprender.
¿Y si cambiamos eso?
Del aula… ¡al mundo real!
Empresas como Google y 3M descubrieron hace años que dar libertad a sus empleados para seguir sus pasiones trae innovación.
De ahí nacieron Gmail, Google Maps… ¡y hasta los famosos post-its!
Inspirados en esa idea, muchos docentes adoptaron la Hora de los genios:
Una hora a la semana en la que los alumnos trabajan en un proyecto personal, guiado por su curiosidad.

¿Qué logran los chicos?
- Aprenden por motivación propia
- Desarrollan creatividad, pensamiento crítico y autonomía
- Ganan confianza y ganas de aprender más
Y lo mejor: se sienten escuchados. Tienen voz y elección.
Y cuando eso pasa, el aprendizaje se vuelve real.
Como educadores…
¿Estamos enseñando a ser obedientes?
¿O a ser creativos, apasionados y con iniciativa?
El mundo necesita más de lo segundo.
Tal vez, solo necesitamos darles una hora.
Una hora que puede cambiarlo todo.
Paso a paso se sube la escalera.