La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender cómo se siente, escuchar con atención y responder con respeto. Es entender las emociones de los demás y conectar con ellas desde el corazón, no solo desde la mente.
El psicólogo Daniel Goleman, en su libro Inteligencia Emocional, la definió como “la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de los demás”. Para él, la empatía es clave para tener relaciones sanas, comunicarnos bien, resolver conflictos de forma positiva y convivir en paz.
¿Para qué sirve la empatía?
Desarrollar empatía nos ayuda a:
- Conectar mejor con otras personas.
- Resolver problemas sin peleas.
- Comunicar lo que sentimos y necesitamos.
- Construir relaciones respetuosas y cooperativas.
- Promover la inclusión, la solidaridad y el respeto a la diversidad.
Estas habilidades no solo se aprenden en casa o con los amigos. También se enseñan y se practican en la escuela, y son parte esencial del desarrollo de cada niño y niña.
¿Nacemos con empatía o se aprende?
La ciencia dice que todos nacemos con la capacidad de sentir empatía. Pero como cualquier habilidad, necesita práctica. Vivimos en un mundo que cambia rápido y está muy conectado, por eso es más importante que nunca enseñar y fortalecer la empatía desde pequeños.
Educar con empatía: el rol del adulto
Como educadores y adultos de referencia, no solo enseñamos contenidos, sino que acompañamos en el desarrollo emocional de los niños. Esto significa:
- Ofrecer experiencias que inviten a ponerse en el lugar del otro.
- Promover el respeto, la tolerancia, la colaboración y la inclusión.
- Ser modelos de empatía: escuchar, comprender, responder con calma y cuidar el vínculo con cada niño o niña.
Cuando un alumno se siente comprendido y acompañado, su autoestima crece, se siente seguro y tiene más ganas de aprender. Esto no solo mejora su rendimiento escolar, sino también su bienestar emocional y social.
Aprender con el ejemplo
Los niños aprenden observando. Si ven en los adultos conductas empáticas —escucha, respeto, ayuda, cuidado—, es más probable que ellos también actúen de esa manera. Por eso, nuestro ejemplo es la mejor herramienta educativa.

Empatía y pensamiento crítico
Ser empáticos también nos hace más curiosos, más observadores y más reflexivos. Nos ayuda a analizar lo que ocurre a nuestro alrededor y a tomar decisiones más justas, conscientes y responsables. Todo esto tiene un impacto positivo, no solo en lo personal, sino también en lo social.
La empatía mejora la convivencia
Cuando enseñamos y practicamos empatía en el aula, ayudamos a prevenir el acoso escolar, mejorar la convivencia y crear un ambiente seguro para todos.
En resumen…
Educar en empatía es educar para la vida. Es ayudar a los niños y niñas a crecer emocionalmente sanos, con relaciones positivas, con pensamiento crítico y con herramientas para construir una sociedad más justa y humana.